domingo, 6 de enero de 2013

Lección oral.

Como tantas otras veces llegaste a la ciudad y todo fue raro, tantos años, tantas historias. Cuando tus viajes tienen como escala Buenos Aires, no dudas en hacérmelo saber. A veces solo salimos a tomar algo, a veces es una charla breve en algún lugar desconocido. Esta vez pasaste por mi casa y como siempre al principio estabas rara, ajena. Verme relajado y bien dispuesto, te calmó.

Luego de mucha charla y esa reiterada necesidad de volvernos a reconocer en cada encuentro, te quise besar y no me dejaste. Te abracé y te dejaste. Contorneé tu piel con mis dedos, te volviste a dejar. Ahora ya no eras vos la tensa sino tu piel. Dentro de tu pantalón mi mano te recordaba, un suspiro perdido por ahí.

A pesar de mi calentura y como es de costumbre, fuiste la agasajada. Vestido de pies a cabeza me arrodillé entre tus piernas delgadas y desnudas. Besé con mi lengua las comisuras de tus costillas, cada curva cada rincón. Pasé mis labios, mis dientes y mi saliva por tu pelvis hasta llegar a saborearte. Me agarraste del pelo con las dos manos; creo que querías de alguna manera conducirme, fallaste.

Esperé un rato hasta ver como te retorcías, recién en ese instante decidí que era momento de que acabaras. Con mi lengua viajando de tu sexo a tu clítoris, de tu clítoris a tu culo y de tu culo a tu sexo, es que te metí dos dedos. Presioné y gritaste. Presioné y gemiste. Preguntaste entre sonidos, suspiros y ruidos extraños, "¿Qué estás haciéndome?", no respondí. Unos segundos más fueron suficientes: volviste a preguntarlo y antes de terminar, acabaste una, dos veces, perpleja y confundida.

Sinceramente no esperaba jamás tener que enseñarle a una mujer donde está su propio punto g.



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3 comentarios:

Setzel dijo...

Pero bien por ti que lo has hecho!

Amor Primario dijo...

Clap Clap clap!...se agradece. Por siempre.

Anónimo dijo...

che no me la chuparias a mi soy de buenos aires