domingo, 6 de enero de 2013
Lección oral.
Luego de mucha charla y esa reiterada necesidad de volvernos a reconocer en cada encuentro, te quise besar y no me dejaste. Te abracé y te dejaste. Contorneé tu piel con mis dedos, te volviste a dejar. Ahora ya no eras vos la tensa sino tu piel. Dentro de tu pantalón mi mano te recordaba, un suspiro perdido por ahí.
A pesar de mi calentura y como es de costumbre, fuiste la agasajada. Vestido de pies a cabeza me arrodillé entre tus piernas delgadas y desnudas. Besé con mi lengua las comisuras de tus costillas, cada curva cada rincón. Pasé mis labios, mis dientes y mi saliva por tu pelvis hasta llegar a saborearte. Me agarraste del pelo con las dos manos; creo que querías de alguna manera conducirme, fallaste.
Esperé un rato hasta ver como te retorcías, recién en ese instante decidí que era momento de que acabaras. Con mi lengua viajando de tu sexo a tu clítoris, de tu clítoris a tu culo y de tu culo a tu sexo, es que te metí dos dedos. Presioné y gritaste. Presioné y gemiste. Preguntaste entre sonidos, suspiros y ruidos extraños, "¿Qué estás haciéndome?", no respondí. Unos segundos más fueron suficientes: volviste a preguntarlo y antes de terminar, acabaste una, dos veces, perpleja y confundida.
Sinceramente no esperaba jamás tener que enseñarle a una mujer donde está su propio punto g.
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jueves, 5 de julio de 2012
Un sueño tibio para los dos.
La tomé de la cadera con ambas manos y fue hasta llegar a su entrepierna, que recorrí con la lengua cada instante de su piel. Sentir la vibración de su cuerpo en mi boca es ir un paso más allá en el conocimiento de mis límites de calentura. Podía percibir cada reacción de su cuerpo, a los movimientos de mis labios y mi lengua. Manteniendo sus piernas en el mismo lugar, miraba por sobre su hombro para tomarme del pelo, hacer fuerza y tirar. Gritaba, me insultaba.
Se paró y se sentó en la mesada, ya completamente desnuda. Me arrastró hacia ella, y tomándome del cuello, nos besamos. Casi que puedo sentir la sensación de su lengua en mi boca, explorándome, exigente y demandante.
Se sentó con mayor comodidad abriendo su cuerpo, dejándolo a mi disposición. Me tomó la pija y llegó el pedido, su necesidad, la mía. Sus piernas enmarcaron mi cintura y teniendo que elevarme un mínimo en puntas de pie, comenzamos a coger.
La ventaja más evidente de esa situación, era poder tener todo su cuerpo de frente para el disfrute de mi mirada. Sus piernas caían sobre mis hombros. Arremetía con fuerza y profundidad. En sus ojos podía verse el fuego de su calentura. Me suplicaba con los ojos y yo la entendía a la perfección. La velocidad aumentaba y la intensidad no disminuía. Ninguna pared podía soportar esos gritos. Para mi perversión, nada era tanto como oírla gemir.
Me detuve por un momento para apreciar su figura. Me detuve para ver como temblaba. Para regodearme en los espasmos de placer que tiritaban su cuerpo. Se paró. Bajó al piso nuevamente y con lentitud, caminó unos pasos hasta la mesa. La miré cautelosamente. Con cuidado, corrió cada cosa que había y se recostó plenamente. Con la misma lentitud caminé hacia ella y una vez ahí, me dijo: "Ahora sí."
El resto y hasta el final, fue salvaje. La altura ahora era perfecta. Su concha estaba empapada y mi pija se abría camino con mucha facilidad hasta hacer tope una y otra vez.
Cogimos esa noche, sí.
Cogimos donde hacia un rato teníamos nuestra comida. Donde al día siguiente sus amigas tomarían mate.
Cogimos como solo nosotros cogíamos. Así de bien.
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domingo, 1 de enero de 2012
Imágenes.
Sí, mirá, yo te cuento. Es así:
Todas las mañanas me suelo levantar con la pija dura. Pero lo que sucede ahora, es que frente a este evento matutino tan conmovedor del cual agradezco a la infinita divinidad por tanta salud, lo único que puedo hacer es pajearme. Masturbarme entre sueños; despabilar mi día con la llegada del sol que no acarrea menos que la llegada del primer orgasmo de mi día.
Y acá viene lo oportunamente trascendente: sos vos. Sos vos la musa de mi alba en cada mañana. El disparador más inmediato de mi mente cuando el derrame de líbido me ahoga hasta paralizarme. Sos vos y es tu espalda, tersa y suave, perfecta como mil montañas, la que resplandece visualmente mi imaginación.
Me devora tu silueta en mi recuerdo. Tus curvas perfectas, tus piernas y ese culo. Muchas veces te lo decía cuando terminábamos de coger. Te parabas, caminabas unos pasos desnuda. Sin duda el mejor momento para observar tu esplendor; una perspectiva de suma idolatría ante mis ojos, verte parada dándome la espalda.
En ocasiones, ese era motivo suficiente para desesperarme. Sin dejarte ir, no podía evitar ponerte en cuatro sobre la cama, para chuparte la concha y el culo como un animal. Y sé que te fascinaba hacerlo. Nada me volvía más loco que sentirte acabarme en la boca al jugar con mi boca en tu sexo: saborear tu orgasmo.
En mi recuerdo domina el peso de tus ojos, de tu cuerpo sobre el mío, siempre pretendiendo acallar esa sed de mil ninfas. En mi recuerdo es tu boca la que revuelve lo más impuro de mi perversión. Es tu boca y son tus manos también, aquellas capaces de desatar una tormenta en mi cuerpo. Lo hicieron ayer, y hoy, ya transformadas, lo siguen haciendo.
Y es tan feo, ¿Sabes? No poder decirte todo lo que me pasa, como supimos hacerlo tantas veces. Tus manos temblaban y tus piernas flaqueaban cuando en tu oído resonaban mis palabras. Te enardecías, por dentro y por fuera. Creo que tu calentura seguiría atravesando el cosmos hasta evaporar la propia humedad entre tus piernas al leerme en tu teléfono, dictándote lo que me sucede hoy, cada mañana, con vos.
Me levanto en la mañana y me apena un poco a veces. Pero está bien.
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lunes, 19 de diciembre de 2011
Los que quedan, si es que quedan.
Minutos después estábamos parados en el balcón fumando flores de nuestras bocas. Afuera era de noche y la noche estaba se mostraba predispuesta. Tu cintura contra la mía y nuestras bocas jugando como el pájaro que come de la flor más dulce, ese era el cuadro, así estábamos.
Te besaba el cuello. La gente hablaba alrededor nuestro. Estar en el extremo del balcón nos brindaba una perspectiva completamente cerrada. Nadie podía ver lo que sucedía entre tu cuerpo y el mío. El bullicio abundaba lo suficiente para ahogar tus gemidos mientras mi lengua ahondaba tus clavículas. Mis manos se deslizaban por tus tetas. Me lo pedías. Tu desesperación se podía oler y palpar. Me agarraste de la cintura y simplemente te clavaste en mí.
Mi pija se acomodó entre tus piernas. Gemías cada vez más fuerte, nadie podía oírte. Deslicé suavemente mi mano hasta llegar a tu cintura. Te miré a los ojos y te vi perdida, entregada y sin retorno. Metí mi mano hasta sentir toda tu humedad, nadie podía vernos.
Tu cuerpo, la coartada perfecta que encubría tu excitación. La punta de mi dedo jugaba con tu clítoris hinchado, luego descendía lo mínimo, hasta adentrarme para sentir tus flujos. Estabas empapada. Saqué mi mano unos momentos, tan solo para saborearte. Tu esencia en mi boca sabía a placer de mil manjares.
Pajearte teniendo varias personas hablando a menos de un metro de distancia, era algo sorprendentemente interesante. Te estremecías segundo a segundo mientras mis dientes se posaban en tus hombros, en tu cuello, en tus labios. Cada yema de mis dedos, descubría por primera vez tu concha virgen de mí, de mi enfermedad. Abusaba, hacía de vos y te volvías loca.
Acabaste gimiendo en mí oído y me susurraste tus urgentes ganas de chuparme la pija.
La noche apenas comenzaba. Unos segundos fueron suficientes para seguir ahí. Ella y yo ya estábamos arriba de un taxi camino a mi casa…
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martes, 11 de octubre de 2011
Nuevo viejo día.
Late. Hay humedad. Rozo el capullo que recubre tu clítoris con mis dedos. Llego. Llego lentamente a lo profundo y suspiras pesadamente aún dormida. Nos apretamos más y nos movemos. Te tomas tu tiempo y te acomodas como te gusta. Tus suspiros transformaronse en gemidos. Uno atrás de otro son suscitados por mi cuerpo que te arremete con profunda lujuria. Un brazo detras de tu cuerpo y el otro por delante; mis dos manos te abrazan hasta apretar tus pechos respectivamente.
Te tocas. Te tocas mientras te cojo. Te cojo y vos te metes los dedos, la mano en la boca para luego llevarla a tu entrepierna que hierve con mi sexo dentro. Tus gemidos se transforman ahora en gritos. No hay música sonando pero vos sos una sinfonía. La ventana a la calle está cerrada. Afuera se oyen pájaros y martillos mientras adentro recitas los sonidos más animales que tu cuerpo puede producir una mañana como esta.
Me montas y ya no queda mucho más. Tu cara aún dormida me encuentra de frente y algo frenético a esta altura. Tus pechos ahora nítidos y bien dispuestos son mi primer plano. Tu cuerpo me abate y a mi poco me queda por hacer. Te moves y yo ya no estoy ahí. Tus manos se colocan en las mías, que a su vez, se colocan en tus caderas. Apretamos. En esta posición tocamos fondo y eso desdibuja tu cara. Tus ojos se pierden y salen de paseo. Tu boca no deja de cantar y la mía hace tus coros. Mi mirada se nubla y mi sexo se estremece. La explosicón es adentro y es afuera también. Apretas y aprieto. Apretas. Aprieto. Gritas; y yo con vos.
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martes, 7 de junio de 2011
Amor sin rodeos.
Y ella gime con la pija en la boca. Ella gime cada vez que los dedos entran un poco más. Su boca y mis dedos, al unísono. Finalmente me pajea con las dos manos al mismo tiempo. Una sobre la otra, sobre mi pija. Mis dedos completamente dentro suyo. La locura y el placer terminan por viciarla. Acabo en su boca, ella traga.
Solo eso necesitaba. Y ella también.
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lunes, 16 de mayo de 2011
Para (des) vestirte hoy.
B. y yo conversabamos. No hace mucho que nos habíamos visto por ultima vez en una reunión grupal y la cosa había estado algo tensa. Ella me había comentado semanas atrás, que tenía muchas ganas de presentarme a su amiga.
Me acomodé en un bajo sillón mientras D. se paraba frente a la colección de dvds y cds de música. Cuidadosamente se arqueó hacia adelante, para elegir la banda de sonido de nuestro encuentro. Su corta pollera se levantó lo suficiente, como para así, darme una precisa fotografía de su culo y su rosada concha perfectamente depilada. En el medio, una tanga negra decorando como una cereza en la taza, la imagen ante mí.
B. miraba con atención la escena; parada, relajada, apoyada sobre una columna. Por unos segundos se dedicó a observar mi reacción. Como si simplemente quisiera observar mi conducta ante lo que D. estaba haciendo. Mi respiración se agitaba a cada instante en tanto ese cuadro permanecía. Ella podía notar esto, podía sentir su mirada sobre mí, podía sentir como me penetraba. Podía sentir como me desvestía a la distancia.
Escuché difusamente la voz de D. que parecía haber tomado una decisión. No podía dejar de sostener esa mirada que tenía encima. Se acercó y abriendo las piernas se sentó sobre mí. Pude ver de cerca esa mirada llena de deseo. Dos ojos negros de los que jamás había dado cuenta. Nos besamos. Mi pija se endurecia y ella se percataba de esto. La voz de D. volvió a resonar esta vez con más fuerza, pude oírla en tanto el beso seguía unido por nuestros labios húmedos.
"Entonces ahora vamos a fumar esas flores que prometiste, ¿No B.?” fue todo lo que atinó a decir D. imperativamente. Las dos miradas se posaron en mí. La música comenzó a sonar. El lado oscuro de la luna, se hizo presente una noche en esa oscura habitación.
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jueves, 10 de marzo de 2011
El plástico de tu perfume.
Comenzamos a hablar de cine. Charla que derivó en una charla sobre cine porno, que terminó derivando finalmente en una conversación sobre salas de cine continuado. Me cuenta que ella conoce una allá por microcentro y nos ponemos a investigar un poco al respecto. Comenzamos a leer unos relatos de personas y sus experiencias en ese lugar. Para el rato posterior a la lectura ya estábamos en una temperatura ambiente. Como los chicos buenos respetamos la naturaleza, implícitamente sabíamos que nada pasaría esa noche. O casi nada.
Nos recostamos juntos; la charla fluía y continuaba. Nos acomodamos cerca y como quien no quiere la cosa, nos besamos. Besos superficiales, nada profundos. Besos superficiales que nos mantenían lo suficientemente calientes como para comenzar a fregarnos con la ropa aún puesta, pero no como para arrancárnosla. Sobre ella estaba mientras nos mirábamos de tanto en tanto con esos ojos profundos en lujuria y deseo incontenible. Mi lengua recorriendo de tanto en cuanto sus comisuras, luego su cuello para acabar en sus clavículas y hombros.
La cosa parecía no detenerse a pesar de la privación que nos habíamos impuesto en primera instancia debido a la situación. Al ir cada vez un poco más, me pidió que me detenga pero lo único que consiguió es que agarre sus brazos dejándola inmóvil. Pareció ser una buena idea ya que fue ella quien ahora se movía y con su cuerpo me exigía más fuerza, más profundidad en los movimientos.
Sus ojos se perdían cada vez más en algún punto fijo del espacio, sin tiempo ni lugar. Ahora ella estaba sobre mí; me sentía, me miraba, me palpaba, me montaba. Mi ropa se desvaneció sin consuelo en sus manos y pronto quedé desnudo, paralizado ante esa voluntad perversa, expuesta en sus ojos. Me miró por unos momentos de arriba a abajo hasta detener su mirada en mi órgano, tieso, dispuesto y expectante.
Me pajeaba suavemente mientras con sus labios y lengua hacía círculos en la cabeza. Su actitud llamó mi atención. Una sensación de control y sumición es lo que sentía. Chupaba como si constantemente esperara a que yo tomase el control de la misma situación que ella controlaba a su placer. No podía resistirse a entregarse y ser dominada. Pobre, realmente no sabía donde se metía.
Comencé por recoger su pelo suavemente. Si hay algo que realmente me desvive es ver como mi pija entra y sale de la boca, como se va cubriendo hasta entrar hasta el fondo, deslizándose por los labios y la lengua. Tomé de su pelo y de a poco iba induciéndola hacía las cosas que yo quería que haga a mí propia manera. Sus brazos se apoyaron en la cama, quedando solo su cuerpo pegado al mío a través de su boca en mí; la señal de entrega a mi deseo. Un placer...
Ajustando la firmeza de mi mano en su pelo, la hice para atrás. Mirarla y decirle que quería que me pajeara y me mirara a los ojos fue lo que hice casi intuitivamente. Ella flotaba en su mundo mientras la música sonaba. En tanto desviaba su mirada de mis ojos, no haciéndome caso, sujetaba con más fuerza su pelo:
"Más fuerte y no dejes de mirarme a los ojos, te dije".
Se sentía muy bien sus ojos en los míos, a pesar de no devolverle la mirada. En cada palabra en donde le pedía que lo haga más fuerte, un tirón en su pelo aumentaba la presión. Ella gemía en esa mezcla de placer y dolor. Más fuerte sus movimientos, más fuerte los míos. Podía sentir como sufría y disfrutaba mi presión. Terminó por darse cuenta que hasta que no terminase, no iba a soltarla y por cada cambio que ella aplicara, lo haría yo también. Sujetados por una mano en el cuerpo del otro, terminó todo. La solté al acabar y me dejé caer. Me relajé y sentí como ella no solo no podía hacer lo mismo, sino como sus ojos se tornaban y se llenaba de un sentimiento profundo de perversión.
"Creo que tus ojos quieren decirme algo..." atiné a decirle.
Su respuesta concluyó afirmando lo que creía: "Cuando mis ojos toman esta forma, es porque solo puedo pensar en algo sádico".
Hice caso omiso a la respuesta y cerré los ojos, dejándome ir.
No logro recordar y dilucidar lo que pasó luego. Pero lo que sí puedo imaginar con frescura y precisión es lo que será verla de nuevo.
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miércoles, 5 de enero de 2011
Macro porno intenso.
A medida que pasa el tiempo, esa sed no se detiene. En vez de menguar tanta vorágine, tanta adicción por nuestra piel, nos volvemos más íntimos, más necesitados. Cuento los días para cerrar la puerta de ese departamento y contra la pared sumergirte en mi más perverso deseo. Cuento los días para desnudarte, para que me pongas ese culo hermoso y bien parado en la cara para que te lo chupe.
La semana pasada finalmente hicimos lo que tanto quería. Primero nos besamos. Suave, lento, un beso pasado en erotismo. Me palpaste sobre el pantalón y diste el primer golpe.
Sabes que tus besos me ponen así. Tus besos son como un interruptor: encendido, apagado. Te arrodillaste y me sacaste la ropa, arrancaste el bóxer y me miraste desde ahí. A puño cerrado la tomaste en tu mano derecha y colocándote bien por debajo, pasaste la lengua desde mis huevos hasta la punta de mi pija para terminar metiéndotela en la boca. Así fue como empezó todo. Me pajeabas y te dedicabas a oírme. Sé cómo te pone eso.
Acelerabas y me aceleraba. “Ni se te ocurra acabar, hijo de puta”, dijiste mirándome a la cara desfigurada. Te ayudé a reincorporarte. Arrodillado te saqué la ropa prenda por prenda. Amo jugar desde ahí con tus labios bien hinchados. Con las dos manos me agarrabas bien fuerte del pelo. A veces me tiras para atrás solo para verme a los ojos algo desorbitados y ver tus jugos que saboreo en mis labios, pero luego me sometes de nuevo y yo incursiono nuevamente en tu concha tan delicada.
Si existen paisajes que logran colmar de lleno mi mirada, sin duda uno de ellos es aquel que tenía enfrente. Desde abajo podía ver el recorrido entero de tu cuerpo. Paseando por tu vientre, atravesando mis ojos entre tus tetas, para llegar a tu mirada que habitaba una galaxia lejana. Me tirabas del pelo y yo me dejaba. Introduje dos dedos que rápidamente se sumergieron en tu sexo, tu placer. Aumentamos la velocidad y el vortex cada vez iba más rápido. Acabaste en mi boca.
Ahí estabas ahora. Contra la pared dándome la espalda. En primer plano, esa piel tersa, ese culo que me desvive y justo sobre él, un tatuaje que coqueteaba con mis ojos perplejos. Vos, yo, nuestra desnudez y la mesada de tu cocina en donde esta vez, apoyabas las manos firmes, invitándome.
Reclinado sobre tu cuerpo, te tomé del culo y jugué con mi pija en la puerta de tu humedad. Dura, tiesa, se deslizaba hasta hacerte tope. Un suspiro al aire que llenó ese luminoso departamento tuyo y mis manos que se escurrían entre tu cintura para terminar agarrando tus tetas con firmeza. Estábamos bien dispuestos; mi pecho fusionado con tu espalda y mi cintura danzando una y otra vez contra tu cuerpo inmóvil. Una, dos, tres veces, cientos. Tus gritos comenzaron a llenar mi cuerpo de energía en tanto mi pija te llenaba a vos de insana lujuria. El ruido seco de mi ser golpeando contra tu culo acompañó a los minutos que se recorrían lentamente.
Te diste vuelta y pude verte de frente. Una pendeja ansiosa de más, más de mí, ansiosa de algo que no sea un sueño o alguna distracción. Esta vez fui yo el que te pidió que apoyaras tus manos en la mesada pero esta vez para poder sentarte. Mientras te quejabas del frío mármol en tu culo, con unas mínimas puntas de pie, te penetré mirándote a los ojos. Primero tomándome de la cabeza, para luego bajar por mi espalda hasta apretarme bien fuerte las nalgas, me acercaste hacia vos todo lo que pudiste y así empezamos nuevamente.
Cogíamos sin reparo. De tanto en cuanto me separaba tan solo para apreciar tu cuerpo entregado a la situación, entregado a mi pija que no dejaba de entrar y salir. De tanto en cuanto, arremetía con suma violencia tan solo para oírte gritar como lo puta que sos cuando me sentís dentro tuyo. Acabé y todo acabó. Desplomados caímos y todo se detuvo.
Transpirados nos abrazamos pensando solo en una cosa: Todos somos adictos a estos juegos de artificio.
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Nuevo año... si.
Nueva apariencia... si.
Pero aparentemente seguimos siendo los mismos.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Angustia que hace a los locos.
No comprendo por qué te genera una extraña sensación tener mi cuerpo en cuatro patas para manipularlo como quieras. Para obvervarlo, para maltratarlo. Me cuestiono por qué no puedo hacer lo que quiera con tu cuerpo, por qué no me regalás tu piel por un rato ó por qué simplemente no puedo violarte mientras dormís. Espero pronto decidas dejar de lado mi deseo. Espero pronto te decidas a abolir mi voluntad, a costa de ser solo lo que quieras que yo sea. Tuyo, de nadie más. Espero pronto desgarres mi deseo, tan sólo para ver, para saber, hasta dónde sos capaz de llevarme. Doy mi vida por la seguridad de que cuando seas mía, solo mía y de nadie más, ni siquiera tuya (aunque sea por el rato que dure nuestro sexo), sentirás que la distancia entre lo total y lo parcial es alcanzable con la punta de tus dedos, con la punta de tu inocencia.
Dejame decirte con certeza, que cuando tu cara toque el suelo, cuando estés privada de muchos de tus sentidos, vas a creer y entender que soy para vos, tuyo, que soy yo quien te completa. Vas a sentir que mi pija es la única que cabe en tu cuerpo, que soy yo el único que sabe tratarte como te lo merecés. Vas a comprender que yo si sé que sos una reina, que no hay otra como vos. Vas a comprender que yo sé que no hay piel más tersa que la tuya, que no hay boca más perversa que la que llevás con tanta delicadeza. Que no existe en esta tierra otras manos que sepan conducir los hilos de mi perversión como esas que movés con tanta gracia. Que tu prudencia no es más que la pequeña sombra de verano de aquello que yo llamo ‘libertad’.
Cuando logremos entender todo eso, vamos a llegar ahí, a ese lugar al que todos le temen y ni siquiera saben por qué. Cuando lo entiendas, vas a poder decir aquello que quisiste poder decir toda tu vida:
Yo sé quién soy.
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miércoles, 22 de septiembre de 2010
Toma la ruta, será diferente.
Hoy conducís vos. Tu beso junto a tu lengua, hicieron de mi cuerpo una olla haciendo ebullición. Te pregunto si te parece dejarme así cada vez que nos besamos y te haces la desinteresada, me mirás de reojo y cómplice te reís.
Es de noche y la avenida nos regala onda verde, te miro y no me mirás, estás concentrada. La música suena, las ventanas están cerradas. Mi bragueta lentamente es desabrochada. Segundos más tarde, manejas, y yo delante tuyo, me pajeo mirándote.
Me notas pero no querés mirar, tenés miedo. Tenes miedo que mi pija tiesa te haga parar, te haga desviar tu atención. Pero ese no es mi problema. Me pajeo mirándote la boca, me pajeo mirando tus ojos que se llenan de duda e indecisión. Me pajeo y miro tus manos, las deseo. Casualmente hace unos días me contaste como te calienta que te observe. Y lo hago detenidamente.
El camino no se detiene y finalmente me miras a los ojos. Te miro y sostenes la mirada el mínimo instante posible, bajas la vista y tus ojos se llenan de la imagen de mi mano frenética tocándome. Un leve gemido escapa a tu boca pero tus ojos vuelven al camino. Dos cuadras adelante, doblas. Frenas el auto inmediatamente a un costado.
"Sos un hijo de puta." Eso fue todo lo que atinaste a decir antes de abalanzarte sobre mi pija que no veía la hora de recibirte.
Tu ritmo siempre fue algo que me llamo la atención. Sos una perra en celo. Siento como mi pija late en tu boca y vos no respiras. La devoras con tanta voracidad que siento que ningún volcán podría resistir tu erupción. Me agarras los huevos y los chupas de tanto en cuanto. Recostada de costado sobre mi asiento es que me tenes aprisionado.
Te sostengo el pelo y a pesar de estar en tu auto, te manejo como quiero. Sos a quien me gusta domar, sabiendo tu necesidad de ser domada. Gemís con la pija en la boca y gimo con vos. Me sentís temblar y acelerás el viaje, tan solo para sentir toda mi leche tibia chocar contra tu paladar.
A veces pienso que no me tocas para saciar mi sed, sino solo para regocijarte en mi orgasmo, en mi leche en tu boca.
Mi necesidad es tu necesidad.
Por ahí dicen que el viajar es un placer que nos suele suceder.
Brindo por eso.
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martes, 10 de agosto de 2010
Fúndete, confúndete.
Te recosté y solo pude dedicarme a recorrerte con mis ojos, con mis manos, con mi lengua, con mi deseo. Vibrabas con cada roce y me mirabas. Me mirabas y me sentías en cada vibración. Pude verlo en tus ojos. Nos besamos un rato. No recuerdo cuanto. Seguramente lo suficiente como para recordar la perfección al besarnos. Suave, húmedo, caliente. Nuestro.
Te pegué a mí y me sentiste. Percibo la manera en que tu respiración se acelera en esos momentos. Empezaste a palparme y me encontraste con facilidad. Sé muy bien lo que te gusta arrancarme la ropa, te salís de vos misma. Me besaste de arriba abajo, solo para finalmente, estocar mi pija de lleno en tu boca. Recuerdo como la chupabas desde la base hasta la cabeza con intensidad. Tenés ese ritmo perfecto que me vuelve loco.
Tu cuerpo pedía descontroladamente que lo controle y eso hice. Te sostuve de los pelos y marqué el ritmo. Sé cuánto te calienta eso. Así estuvimos un buen rato. Me cuesta salir de ese estado hipnótico donde a pesar del aparente control sobre tu piel, sé que soy solo el esclavo de tu juego. Creo que tu cuerpo genera esa adicción. Tal vez tu boca, ya no lo sé a esta altura. ¿Qué más da? Te coloqué esas esposas de cuero que había elegido para vos y me dediqué a contemplar como seguías chupando y pajeando ahora más privada aún de movimientos que antes.
Me encanta como tu cuerpo deja en evidencia tu deseo. ¿Sabías eso? Te acelerabas y podía sentir como tus labios deslizándose por el tronco de mi pija pedían ansiosamente el final en vos. Intentabas con una mano en mi pecho, rasguñar mi piel, pero las esposas te obligaban a mantenerte en el foco de atención. Con la otra, a puño cerrado, me masturbabas sin descanso. Mis exhales a punto de acabar, fusionados con tus gemidos mientras llenabas tu boca de mí, llenaron todo el living de tu casa. Acabé en tu boca y te dispusiste a seguir, el turno cambiaba ahora.
Me pregunto una y otra vez qué es lo que me gusta más. Si tener tu boca en mi pija haciéndome volar, o tener mi lengua en tus labios rosados hasta llenarme la boca de vos. No logro decidirme. Pero que voy a seguir dándole rienda suelta a mi adicción a ambas cosas, de eso no cabe duda.
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viernes, 6 de agosto de 2010
Un lugar normal.
El vacio se siente plenitud cuando sos vos la que se llena de él.
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martes, 27 de julio de 2010
Amaneciendo mía.
Escabullirme entre las sábanas con los ojos aún cerrados, buscando la humedad de tu sexo, para así, acariciarte y despertarte con mi lengua y mis dedos entre tus labios rosados, sin lugar a dudas es la mejor solución a esa rutina que nos castiga.
Mis oídos se complacen en recibir junto a los rayos del amanecer, esa mezcla de gemidos y desperezamientos matutinos que me regalas.
Mis dedos te buscan y te encuentran. Mi lengua ya despierta tanto como vos, incursiona y empezas a gritar. Primero despacio hasta incrementar volumen. Me tomas del pelo suavemente pero con intensidad. Me acelero.
Me encanta el recorrido que hace mi lengua en vos. Sentir la textura de tu piel desde abajo, pasando por tu clitoris hasta llegar al comienzo de tu sexo me vuelve loco. Es obvio a esta altura.
El pináculo llega y me llenás la boca de vos. Te saboreo y me pedis que suba, que vuelva a la altura de las almohadas. Me besas y te das vuelta. Tu cuerpo me pide que me apoye sobre vos para así volvernos a dormir.
Por supuesto. Si. Llego tarde a donde sea que tenga que ir, pero mi día termina distinto cuando comienza de esa manera.
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lunes, 5 de julio de 2010
Sobre el cómo y un coma profundo.
Me calienta muchísimo tu capacidad para disfrutar y tu desinhibición para expresarlo.
Me calientan mucho mucho tus besos cuando son así profundos y suaves a la vez, que me sacan el aire.
Me calienta mucho tu mirada de pajero cuando me ves retorcerme de placer.
Me calientan los movimientos firmes y fuertes, pero no bruscos. Que de repente, me agarres de la nuca y me comas la boca con ganas, pero sin desesperación... o que me agarres de la cintura y me pegues contra vos y tu pija dura.
Me calienta cuando me decís obscenidades mientras cogemos; no muchas, pero alguna de vez en cuando está bueno, despierta.
Me calienta cuando te la estoy chupando y me zamarreás con una furia que me da bronca, y se genera esa violencia sexual que nos vuelve locos.
Me calienta cuando me cogés en cuatro y me agarrás del pelo, y me mordés la espalda.
Me calienta cuando me hacés desearte, porque sé que la recompensa será satisfactoria.
Me calienta cuando me cogés con desesperación.
Me calienta tu cuerpo. Me calentás vos.
Vos. En mí.”
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lunes, 7 de junio de 2010
Atardecer de conversación ajena.
Ella: Dedicate a pensar cosas lindas, así aclimatas mente y alma. Yo estoy en la cama, con los pies helados. No me vendría nada mal que me hagas cucharita. Que me calientes, que me toques y me cojas despacito… así.
Él: Me pones la pija dura de solo escucharte, pendeja. Quiero sentirte cerca.
Ella: Me das tantas ganas. Tal vez encontremos un rato para los dos. Para poder sentirnos; vos con la pija dura y yo inundada en mis jugos. Para poder llenar tu boca de mi y la mía de vos. Para que acabemos juntos, sintiendo nuestros cuerpos vibrar.
Él: ¡Mirate como estas, puta! Te quiero así, caliente solo para mí. Sí, me gustaría mucho tener aunque sea un rato para cogernos como animales, que tus jugos abracen mi pija dentro tuyo y llenarte la boca de leche por último.
Ella: No te das una idea qué bien que estoy, mojada, deseándote, imaginándote; a vos, tan lindo, con la pija dura… mmm si, eso quiero.
Él: Estoy para que me chupes la pija así, tan vestido. Arrodillada en un rincón, vos pajeandome… ¡Qué ganas, pendeja puta!
Ella: Vos me llenas la boca de leche... pero después me las vas a tener que chupar muy rico y hacerme acabar e inmediatamente después me vas a garchar toda para hacerme acabar de nuevo. ¿Está claro?
Él: Si, nena. Soy tuyo. Lo que vos me digas que haga, lo voy a seguir al pie de la letra. Te voy a hacer acabar con mi lengua hasta que me pidas que pare. Soy adicto a tu cuerpo.
Ella: Bien, me encanta. Sí, me encantas, ¡Me calentas! Qué ganas de estar con vos, ya mismo ahora y que las palabras se hagan realidad.
Él: Vos me das vuelta, nena. Soy esclavo tuyo en mi mente. Sos dueña de mis fantasías. Me muero por garcharte. No doy más.
Ella: No puedo dejar de tocarme, pensando en vos, en tu pija adentro mío, tus labios sobre los míos, tus uñas clavándose en mi espalda.
Él: Llenate los dedos de jugos como si fuera mi boca. Acaba mucho pensándome encima tuyo. Como me gustaría escucharte acabar, en mi oído. Necesito cogerte, pronto.
[…]
Él: Cómo habrás acabado, mi amor. ¡Qué rico!
Ella: Sí, riquísimo.
Prácticamente pude oír el sonido del auricular al colgar. A pesar de los susurrado, la situación caía del árbol con soberbia madurez. La expresión de su rostro desfigurada al escuchar esa agitada voz femenina al teléfono fue percatada por todos en el lugar. Ella lo controla y él se deja. Las ideas rebotan en su cabeza. Las imágenes lo invaden. Ella, acabada. Empapada de sí misma, empapada de él. Él, ahogado de deseo. Intenta disimularlo, pero ya es tarde. La erección en sus pantalones era solo una parte más del show.
Una vez más, la quietud del acabado logró vencerlo. Y contra el sueño de la soledad, él luchará.
(una vez más.)
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domingo, 30 de mayo de 2010
En órbita.
Mis labios sobre sus labios. Mis manos sobre su culo. Su remera sobre la silla. Sus tetas contra mi pecho. Su bombacha en el suelo. Ella sobre la mesa.
Mis labios sobre sus labios. Mis dedos sobre sus labios. Mis labios sobre sus labios. Sus piernas sobre mis hombros. Sus manos sobre mi cabeza. Sus dedos sobre mis pelos. Mi lengua sobre su clítoris. Mi lengua sobre sus labios. Mi lengua en ella.
Ella en mí.
Yo en ella.
Yo en ella.
Yo en ella.
Ella en toda la habitación.
Ella.
Ella.
Ella.
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miércoles, 12 de mayo de 2010
Yo, el Otro.
Si, esa cara quiero ver. Y él... él estará muy contento de verte así.
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jueves, 6 de mayo de 2010
Tu mundo, el mio y la Otra.
Me cuenta que quiere besarla muy profundo y que, a partir de ahí, empiece su fantasía. (La nuestra en realidad, luego recuerda)
Dice que se va a esforzar mucho para que yo no pueda quitarle la vista de encima. La muy puta quiere que yo cumpla sus órdenes.
Me gusta escucharla, que me cuente todo lo que quiere hacer conmigo. Mientras sus labios siguen escupiendo imágenes, me empiezo a tocar. Ella mira, deja de hablar y tras unos momentos, sigue.
Me dice que lo primero que imagina es, a mi desnudo acostado en su cama. Que observo con la mirada muy prendida, cómo la Otra es desvestida por ella. Me confiesa que se muere por sentir la piel de la Otra, de recorrerla, de meterle la lengua en la boca y que yo me retuerza de ganas de meterme entre ellas.
Se pregunta en voz alta hasta cuándo podría aguantar no ponerme una mano encima mientras la Otra la recorre. Finalmente termina confesando que no podría evitar empezar a pajearme mientras desvirga sus labios lésbicos. Que le gustaría que las separe y la bese a ella, mientras la toco a la Otra.
Me comenta que le gustaría (pero solo por un rato) observar la escena algo apartada, ver como yo me entretengo sin ella. Ver cómo le abro las piernas a la Otra y me sumerjo en sus jugos. Ver como succiono los labios rosados, solo para luego, besarla a ella y que sienta el sabor en mi boca.
Es imposible no tentarme mientras ella me cuenta todo esto, por lo que juego y me toco, como quien no quiere la cosa. Ella se hace la desentendida de mi hacer, y sigue:
“Por más que fantasee con una mina, la adicción por tu pija siempre es latente.” me dice como si yo eso no lo supiera. Que ingenua. Me cuenta entonces como le sugiere a la Otra que la toque, para que ella pueda agarrarme la pija y comérsela mientras la pajean. Quiere que le agarre el pelo como siempre y tire fuerte.
Puedo ver en sus ojos como las pupilas se le dilatan, como empieza a temblar de imaginarse chupándome la pija, mientras le chupan la concha a ella. Ella movía sus labios contándome, yo movía mis manos escuchándola.
“En un momento te vas a acostar, y yo le voy a ordenar a la Otra que se siente en tu cara. Si… si, te va a poner la concha hasta que te ahogues de chupar. Te va a apoyar los labios bien hinchados en la boca y vos vas a jugar con tu lengua y yo voy a chuparle la espalda, le voy a morder los hombros para finalmente, como no podía ser menos, con la espalda de ella adelante y agarrandole las tetas, te voy a montar la pija hasta el fondo.”
No pude más que acelerar el ritmo de mi mano. Me pajeaba con violencia mientras escuchaba atentamente. Ella profundiza su fantasía hasta llevarme al límite.
“Y me vas a escuchar gritar como nunca me oíste. Sé que eso te calienta como pocas cosas, así que presumo que no aguantarías mucho en esa posición.”
Entonces me cuenta como seguramente yo las correría a ambas para cogérmela a la Otra sola. Que la pondría en cuatro y que clavaría los ojos en su mirada mientras ella se pajea viéndonos.
“Seguramente me vaya a cansar de verte sobre ella y te quiera para mí solita un rato para hacerte acabar todo.”
“¿Ah sí?” Le pregunto con la voz fatigada.
“Si, y la voy a agarrar de los pelos a la pendeja de mierda esa, para que me cojas a mí y me des tu leche. Y ahora es la puta la que mira, para ese momento seguramente ya empiece a tomarle odio. Así que en venganza y luego de sentirme muy muy cogida, le voy a decir que me chupe la concha. Y mientras accede a mi pedido, vos te vas a preparar para cogerla de nuevo.
Y así vamos a estar, vos garchándotela, yo sintiendo la chupada más rica hasta el momento y ella, la marioneta más feliz de esta obra. La hija de puta seguro la chupa tan bien, que me van a dar ganas de acabarle toda la boca. A todo esto, parece que vos ya vas a acabar, ¿No?”
La respiración entrecortada llenó la habitación.
“Bueno, lo que más me gusta lo voy a dejar para el final entonces, en donde nos paramos y me pones contra la pared. La agarras a la pendeja y la arrodillas en el piso. Y ahora sí, tu pija me entra de nuevo. Me vas a coger contra la pared mientras ella desde el piso, chupa nuestro sexo. Vas a seguir así hasta que yo te diga. Y cuando me canse, me voy a arrodillar junto a la pendeja, te voy a agarrar la pija así, de esta manera, bien fuerte y te voy a pedir que me llenes la boca. Vas a hacerlo ahora, ¿No? Dale, acabá”
El brillo en sus ojos me hace pensar que mi leche es una necesidad para ella. Pensar eso me completa. Como era de suponerse, apenas la primera gota se asomó, fue a parar a su boca. Ella degusta su propia fantasía en mí y yo.... yo solo acabo en ella.
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