sábado, 28 de abril de 2012
Momento pornográfico.
Un momento relajante, un buen disco, fumar unas pitadas de unas flores, es todo lo que necesito para abrir y potenciar los canales de energía sexual un poquito más allá.
Sin percibirlo, la pija se para. Se tiesa y se enducere. El deseo de la desnudez, el calor y el contacto. Todo se hace presente con aire de exigencia.
Me dejo llevar, estiro las piernas. La música suena, me rodea, esquiva la curva de mis hombros. Desnudo.
No masturbarme sería un error, así que lo hago.
El comienzo lento; rápido se va. Hay mucha calentura y yo voy y vengo.Todo se acelera. Mis manos, mi pulso y mi mente se deslizan, psicóticos, eróticos. Si tan solo tuviese una boca donde vertir tan dulce placer adquirido. Intrascendente.
El tiempo acaba, y yo con él.
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domingo, 15 de enero de 2012
Alerta soñada.
Tampoco recuerdo haberle bajado la bombacha, o la tanga o lo que sea. Solo recuerdo que paso siguiente a ese, mi boca estaba lentamente apoyándose en la puerta de su concha. Mis labios sobre los suyos y mi lengua deslizándose por su clítoris, por todo su sexo.
Suavidad y humedad. Ella me agarra del pelo en tanto gime con delicadeza y así nos mantenemos. Mis manos recorren sus piernas de los tobillos a la cintura. La sostengo con firmeza mientras mis manos de tanto en tanto, acarician su culo. La rubia que sinceramente, no tengo ni la menor idea quien es ó de donde salió, sigue ahí, en mi sueño, y yo quiero a la pelirroja que no deja de jugar con su pelo.
Tal vez ella es en mi sueño, la pelirroja. Tendría todo el sentido realmente: no sé casi nada de ella, no sé cómo se ve desnuda, como gime en mi oído o como es la perfecta imagen de ella chupándome la pija.
Tal vez es eso, podría ser. La manifestación explícita del deseo. De no saber nada y de querer saberlo todo.
Querer saberlo todo.
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domingo, 1 de enero de 2012
Imágenes.
Sí, mirá, yo te cuento. Es así:
Todas las mañanas me suelo levantar con la pija dura. Pero lo que sucede ahora, es que frente a este evento matutino tan conmovedor del cual agradezco a la infinita divinidad por tanta salud, lo único que puedo hacer es pajearme. Masturbarme entre sueños; despabilar mi día con la llegada del sol que no acarrea menos que la llegada del primer orgasmo de mi día.
Y acá viene lo oportunamente trascendente: sos vos. Sos vos la musa de mi alba en cada mañana. El disparador más inmediato de mi mente cuando el derrame de líbido me ahoga hasta paralizarme. Sos vos y es tu espalda, tersa y suave, perfecta como mil montañas, la que resplandece visualmente mi imaginación.
Me devora tu silueta en mi recuerdo. Tus curvas perfectas, tus piernas y ese culo. Muchas veces te lo decía cuando terminábamos de coger. Te parabas, caminabas unos pasos desnuda. Sin duda el mejor momento para observar tu esplendor; una perspectiva de suma idolatría ante mis ojos, verte parada dándome la espalda.
En ocasiones, ese era motivo suficiente para desesperarme. Sin dejarte ir, no podía evitar ponerte en cuatro sobre la cama, para chuparte la concha y el culo como un animal. Y sé que te fascinaba hacerlo. Nada me volvía más loco que sentirte acabarme en la boca al jugar con mi boca en tu sexo: saborear tu orgasmo.
En mi recuerdo domina el peso de tus ojos, de tu cuerpo sobre el mío, siempre pretendiendo acallar esa sed de mil ninfas. En mi recuerdo es tu boca la que revuelve lo más impuro de mi perversión. Es tu boca y son tus manos también, aquellas capaces de desatar una tormenta en mi cuerpo. Lo hicieron ayer, y hoy, ya transformadas, lo siguen haciendo.
Y es tan feo, ¿Sabes? No poder decirte todo lo que me pasa, como supimos hacerlo tantas veces. Tus manos temblaban y tus piernas flaqueaban cuando en tu oído resonaban mis palabras. Te enardecías, por dentro y por fuera. Creo que tu calentura seguiría atravesando el cosmos hasta evaporar la propia humedad entre tus piernas al leerme en tu teléfono, dictándote lo que me sucede hoy, cada mañana, con vos.
Me levanto en la mañana y me apena un poco a veces. Pero está bien.
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lunes, 19 de diciembre de 2011
Los que quedan, si es que quedan.
Minutos después estábamos parados en el balcón fumando flores de nuestras bocas. Afuera era de noche y la noche estaba se mostraba predispuesta. Tu cintura contra la mía y nuestras bocas jugando como el pájaro que come de la flor más dulce, ese era el cuadro, así estábamos.
Te besaba el cuello. La gente hablaba alrededor nuestro. Estar en el extremo del balcón nos brindaba una perspectiva completamente cerrada. Nadie podía ver lo que sucedía entre tu cuerpo y el mío. El bullicio abundaba lo suficiente para ahogar tus gemidos mientras mi lengua ahondaba tus clavículas. Mis manos se deslizaban por tus tetas. Me lo pedías. Tu desesperación se podía oler y palpar. Me agarraste de la cintura y simplemente te clavaste en mí.
Mi pija se acomodó entre tus piernas. Gemías cada vez más fuerte, nadie podía oírte. Deslicé suavemente mi mano hasta llegar a tu cintura. Te miré a los ojos y te vi perdida, entregada y sin retorno. Metí mi mano hasta sentir toda tu humedad, nadie podía vernos.
Tu cuerpo, la coartada perfecta que encubría tu excitación. La punta de mi dedo jugaba con tu clítoris hinchado, luego descendía lo mínimo, hasta adentrarme para sentir tus flujos. Estabas empapada. Saqué mi mano unos momentos, tan solo para saborearte. Tu esencia en mi boca sabía a placer de mil manjares.
Pajearte teniendo varias personas hablando a menos de un metro de distancia, era algo sorprendentemente interesante. Te estremecías segundo a segundo mientras mis dientes se posaban en tus hombros, en tu cuello, en tus labios. Cada yema de mis dedos, descubría por primera vez tu concha virgen de mí, de mi enfermedad. Abusaba, hacía de vos y te volvías loca.
Acabaste gimiendo en mí oído y me susurraste tus urgentes ganas de chuparme la pija.
La noche apenas comenzaba. Unos segundos fueron suficientes para seguir ahí. Ella y yo ya estábamos arriba de un taxi camino a mi casa…
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martes, 8 de noviembre de 2011
martes, 11 de octubre de 2011
Nuevo viejo día.
Late. Hay humedad. Rozo el capullo que recubre tu clítoris con mis dedos. Llego. Llego lentamente a lo profundo y suspiras pesadamente aún dormida. Nos apretamos más y nos movemos. Te tomas tu tiempo y te acomodas como te gusta. Tus suspiros transformaronse en gemidos. Uno atrás de otro son suscitados por mi cuerpo que te arremete con profunda lujuria. Un brazo detras de tu cuerpo y el otro por delante; mis dos manos te abrazan hasta apretar tus pechos respectivamente.
Te tocas. Te tocas mientras te cojo. Te cojo y vos te metes los dedos, la mano en la boca para luego llevarla a tu entrepierna que hierve con mi sexo dentro. Tus gemidos se transforman ahora en gritos. No hay música sonando pero vos sos una sinfonía. La ventana a la calle está cerrada. Afuera se oyen pájaros y martillos mientras adentro recitas los sonidos más animales que tu cuerpo puede producir una mañana como esta.
Me montas y ya no queda mucho más. Tu cara aún dormida me encuentra de frente y algo frenético a esta altura. Tus pechos ahora nítidos y bien dispuestos son mi primer plano. Tu cuerpo me abate y a mi poco me queda por hacer. Te moves y yo ya no estoy ahí. Tus manos se colocan en las mías, que a su vez, se colocan en tus caderas. Apretamos. En esta posición tocamos fondo y eso desdibuja tu cara. Tus ojos se pierden y salen de paseo. Tu boca no deja de cantar y la mía hace tus coros. Mi mirada se nubla y mi sexo se estremece. La explosicón es adentro y es afuera también. Apretas y aprieto. Apretas. Aprieto. Gritas; y yo con vos.
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viernes, 5 de agosto de 2011
Adicción.
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