Entró rápidamente. Determinado, nadie se enteraría jamás. Sabía muy bien lo que quería. Todo se movía ante sus ojos que comenzaban a mudarse de órbita apenás lo acarició. Su cuerpo vibraba escalofríos de placer que recorrían la superficie de sus nervios.
Con la yema de sus dedos podía palpar cada poro que brotaba de su piel. La mano como puño y el primer gemido saltó de la punta de su lengua. Sordo como bullicio fue el suspiro al aire. Nadie podía oir nada, la danza continuaba allá afuera.. y adentro.
La palma de su mano acarició el frio azulejo de mayo, no había de donde agarrarse tras semejante presión. Los segundos pasaban y sus dedos se deslizaron dentro suyo. Los gemidos se hicieron canción y todo su cuerpo danzaba al compás del estímulo al alma. La sensación no era nueva en él, pero la droga lograba llevarlo todo al límite, a él y a su cuerpo estremeciéndose.
Aceleró el pasó y la punta de sus dedos tocaban fondo. Una y otra vez procedía ante una situación que no tenía retorno alguno. La mano que buscaba apoyo encontró por último su pija dura, expectante. Sus manos ocupadas y su mente en otro lugar. Su cuerpo allí y su cabeza en algún lugar de la galaxia.
Por última vez, aumentó la velocidad. Sus ojos fuera de órbita. Su cuerpo se aferró a lo etéreo del placer. Un cuerpo completamente acabado era el resultado final de la atención máxima que se puede alguien dar.
Los dedos de una mano entraban y salían. La otra se dedicaba en última instancia a subir y bajar frenéticamente para dar la estocada final. La nada era nada, su pináculo lo fue todo.
Un cuerpo complemetente extasiado y una mente sumergída en lúcuma de placer. Solo eso quedó de él. Esa noche ya nada más podía entrar en su cuerpo, solo la música hecha partículas de colores, placer y psicodelia.
~
martes, 21 de julio de 2009
miércoles, 15 de julio de 2009
Amor
Solo quiero sumergirme en vos.
Ser etéreo con tu sabor a eternidad.
Tu piel se mezcla con cada partícula de existencia en mí.
Te respiro en cada instante, hasta la última gota del todo.
Sin vos no soy yo.
Sos todo lo que se puede pedir en este espacio fino.
Y más.
Me perteneces así como te pertenezco.
Salgo de vos.
Sos mi madre y mi hijo, sos mi todo.
Y más.
A vos te doy las gracias, flor, ser, destino, alma.
A vos te doy mi vida.
Hoy, a vos me entrego, VIDA.
~
Ser etéreo con tu sabor a eternidad.
Tu piel se mezcla con cada partícula de existencia en mí.
Te respiro en cada instante, hasta la última gota del todo.
Sin vos no soy yo.
Sos todo lo que se puede pedir en este espacio fino.
Y más.
Me perteneces así como te pertenezco.
Salgo de vos.
Sos mi madre y mi hijo, sos mi todo.
Y más.
A vos te doy las gracias, flor, ser, destino, alma.
A vos te doy mi vida.
Hoy, a vos me entrego, VIDA.
~
jueves, 2 de julio de 2009
Solo unos niños jugando.
Conversábamos descansando en la cama. La charla divagaba entre viejas y actuales experiencias. Amores baldíos y deseos no correspondidos. A pesar de que la cama era bastante grande, estábamos cerca. Charlábamos mientras jugábamos con los dedos de nuestros pies, hacíamos muecas y nos hacíamos cosquillas a pesar de que ella sabía que yo no tengo. En ese juego, iba a salir perdiendo, siempre.
Recostado boca arriba podía ver como desde el techo de su tenuemente iluminada habitación verde, colgaban unos pequeños adornos con los cuales nos pusimos a juguetear. Como dos pequeños felinos entretenidos con sus distracciones, charlábamos y nos mezclábamos con ese aroma tan propio de ella, tan adictivo a mi percepción.
La música empezaba a jugar un papel importante en el ambiente de relajación. La charla comenzaba a perder frecuencia y el lenguaje verbal se desvanecía suavemente dando lugar al lenguaje corporal.
Los juegos con los pies transformáronse en caricias, y como quien no quiere la cosa, se acomodó recostada dándome la espalda en posición fetal. No podía seguirle el juego, poníamos en riesgo una enorme amistad. Dudé unos segundos viéndola mecerse en la cama, como invitándome a darle calor con mi cuerpo, invitándome a que la envuelva en mi aura y que juntos seamos uno el confort de nuestros cuerpos. Dudé unos segundos, y me negué.
Me senté en la computadora y la escena anterior parecía haber quedado atrás. Cambié la música para volver a la situación amistosa una vez más. Un poco de sonidos más moviditos ayudarían.
Comencé a leer, entretenerme con otras cosas en la computadora y tras decirme que tenía algo que mostrarme, se reincorporó para unirse a lo que yo hacía sentándose encima mío.
Unos juegos era lo que quería mostrarme aparentemente. Eludiendo el hecho de que ella estaba sentada arriba mío, cosa que en años jamás había ocurrido, se puso a jugar y a mostrarme. Se acomodó como el gatito que toma lugar en su almohada favorita. Como sentándose en ese sillón que tanto nos gusta, con pequeños meneos de cadera hasta encontrar la posición perfecta, fue que se posicionó en mi.
Los minutos pasaban y yo la miraba jugar. Ella sin quitar la vista del monitor, como a ritmo del mismo juego, se balanceaba, se movía muy lentamente. La situación levemente, y sin nada puntualmente sexual, se volvió un volcán con amenaza de erupción. Los movimientos dejaron de ser Tan sutiles para dar lugar a pequeños saltos sobre mi pija que a esta altura, rozaba los puntos más altos de dureza.
Intenté tomarla por los hombros para serenarla un poco, aquietar sus movimientos. Pero con las manos allí, ella no hizo más que pedir que le haga masajes.
Fui lo más frío que pude con los masajes. A los pocos minutos ella ya exhalaba unos pequeños gemidos que penetraban en mi oído con sensualidad digna de una experta en la ciencia de la libido. Podía sentir en mis manos como su cuerpo se relajaba y se entregaba a mis dedos y a mi cuerpo que la contenía.
Sentía que la situación se escurría, que cada vez menos podía hacer para que el tren no perdiera el rumbo del celibato entre ella y yo. Quise detenerme con todo, pero aquí es donde me dí por vencido.
Me tomó de ambas manos, y en esa posición con su espalda ante mis ojos, rodeó su cuerpo con mis manos hasta apoyarlas sobre sus dos pechos que aguardaban ser acobijados.
—A mi me gustan los masajes acá— susurró.
La situación se había entregado a mí. La resistencia era un plan pasado y comencé suavemente a acariciar sus tetas que siempre había mirado yo de lejos. Se sentían muy bien. Acariciarlas tras esa fina remera era como sentir prácticamente su piel erizándose antes mis manos que tímidas, comenzaban a entrar en calor.
Su mano volvió a tomar la mía. Estaba vez el destino fue su entrepierna y allí me perdí. Sin que lo note, deslizó su pantalón y su bombacha hasta ese piso brilloso y de madera. Mis dedos podían palpar ya la humedad de su sexo. Uno, dos, tres dedos jugaban en ella, que bañaba mi piel con sus tibios flujos.
Se quitó la remera y me pidió que bese su espalda. Mis labios, mi lengua y mis dientes recorrieron con intensidad cada centímetro de esa espalda ahora vacía. Se dio vuelta y en completa desnudez, tomó mi cabeza con sus dos manos, para ubicar mi boca suavemente justo entre sus tetas. Jugué allí un rato, y entre gemidos transformados en gritos y cuerpos preparándose para la fusión, me fue quitando la ropa, prenda por prenda hasta que nuestras pieles se unieron por completo al unísono
—Ahora te toca jugar a vos.— dijo mientras se desvanecía hasta mis pies, para dejar mi vista clavada en el monitor una vez más.
Mi pija quedó frente a su cara, la cual contemplaba como la cabeza latía de impaciencia. Mi respiración aumentó vertiginosamente ante ella que tras recorrerla con la mirada unas cuantas veces, pasó su lengua desde la base y hacia arriba, para finiquitar su recorrido introduciéndolo entero en su boca.
Con su lengua envolvía una y otra vez mi pija empapada y muy marcada. Su mano subía y bajaba a medida que su boca iba entrando y saliendo, llenándola con su saliva y mis flujos.
Mientras que con una mano continuaba pajeándome a una velocidad moderada, con movimientos no muy rápidos pero sí profundos para no perder el ritmo, con la otra comenzó ella a pajearse.
Sus gritos una vez más invadieron sórdidamente la habitación y esta vez fui yo quien no pudo contenerse en lo absoluto.
La paré del piso y tomándola por los brazos, la puse de espaldas a mí contra el escritorio. Arqueé un poco su espalda para una mejor visión y tras arrodillarme y escupir su concha y su culo, la penetré tomándola por los hombros.
Los movimientos eran bruscos, nada sutiles. Mi pija entrando y saliendo de su concha era lo único en lo que podía concentrarme. Mis ojos se daban vuelta mientras sus gritos tapaban la música y cualquier sonido que nuestra piel pudiera generar.
Ahora ya nada importaba, ninguna amistad, ninguna seducción. Ahora ella se daba vuelta y eran nuestros cuerpos enfrentados las estrellas de la escena. Ahora era yo quien estaba contra el escritorio y ella arrodillada frente a mí, decidida a tomar el protagonismo una vez más.
Tomó mi pija muy fuertemente y hasta no sentir cada gota de semen regada por su cara, hasta no sentir la leche caliente en su piel, no se detuvo. En una vorágine de energía, acabé como pocas veces lo había hecho. Toda sobre su cara como ella lo deseaba.
De abajo me miraba, con esos ojos que de libidinosos nada tenían ya. Bañada en mí, lentamente se incorporó. Me tomó de la mano y lo único que atinó a decirme fue:
"Si toda la infancia jugamos juntos, ¿Por qué habríamos de dejar de jugar ahora, no?"
~
Recostado boca arriba podía ver como desde el techo de su tenuemente iluminada habitación verde, colgaban unos pequeños adornos con los cuales nos pusimos a juguetear. Como dos pequeños felinos entretenidos con sus distracciones, charlábamos y nos mezclábamos con ese aroma tan propio de ella, tan adictivo a mi percepción.
La música empezaba a jugar un papel importante en el ambiente de relajación. La charla comenzaba a perder frecuencia y el lenguaje verbal se desvanecía suavemente dando lugar al lenguaje corporal.
Los juegos con los pies transformáronse en caricias, y como quien no quiere la cosa, se acomodó recostada dándome la espalda en posición fetal. No podía seguirle el juego, poníamos en riesgo una enorme amistad. Dudé unos segundos viéndola mecerse en la cama, como invitándome a darle calor con mi cuerpo, invitándome a que la envuelva en mi aura y que juntos seamos uno el confort de nuestros cuerpos. Dudé unos segundos, y me negué.
Me senté en la computadora y la escena anterior parecía haber quedado atrás. Cambié la música para volver a la situación amistosa una vez más. Un poco de sonidos más moviditos ayudarían.
Comencé a leer, entretenerme con otras cosas en la computadora y tras decirme que tenía algo que mostrarme, se reincorporó para unirse a lo que yo hacía sentándose encima mío.
Unos juegos era lo que quería mostrarme aparentemente. Eludiendo el hecho de que ella estaba sentada arriba mío, cosa que en años jamás había ocurrido, se puso a jugar y a mostrarme. Se acomodó como el gatito que toma lugar en su almohada favorita. Como sentándose en ese sillón que tanto nos gusta, con pequeños meneos de cadera hasta encontrar la posición perfecta, fue que se posicionó en mi.
Los minutos pasaban y yo la miraba jugar. Ella sin quitar la vista del monitor, como a ritmo del mismo juego, se balanceaba, se movía muy lentamente. La situación levemente, y sin nada puntualmente sexual, se volvió un volcán con amenaza de erupción. Los movimientos dejaron de ser Tan sutiles para dar lugar a pequeños saltos sobre mi pija que a esta altura, rozaba los puntos más altos de dureza.
Intenté tomarla por los hombros para serenarla un poco, aquietar sus movimientos. Pero con las manos allí, ella no hizo más que pedir que le haga masajes.
Fui lo más frío que pude con los masajes. A los pocos minutos ella ya exhalaba unos pequeños gemidos que penetraban en mi oído con sensualidad digna de una experta en la ciencia de la libido. Podía sentir en mis manos como su cuerpo se relajaba y se entregaba a mis dedos y a mi cuerpo que la contenía.
Sentía que la situación se escurría, que cada vez menos podía hacer para que el tren no perdiera el rumbo del celibato entre ella y yo. Quise detenerme con todo, pero aquí es donde me dí por vencido.
Me tomó de ambas manos, y en esa posición con su espalda ante mis ojos, rodeó su cuerpo con mis manos hasta apoyarlas sobre sus dos pechos que aguardaban ser acobijados.
—A mi me gustan los masajes acá— susurró.
La situación se había entregado a mí. La resistencia era un plan pasado y comencé suavemente a acariciar sus tetas que siempre había mirado yo de lejos. Se sentían muy bien. Acariciarlas tras esa fina remera era como sentir prácticamente su piel erizándose antes mis manos que tímidas, comenzaban a entrar en calor.
Su mano volvió a tomar la mía. Estaba vez el destino fue su entrepierna y allí me perdí. Sin que lo note, deslizó su pantalón y su bombacha hasta ese piso brilloso y de madera. Mis dedos podían palpar ya la humedad de su sexo. Uno, dos, tres dedos jugaban en ella, que bañaba mi piel con sus tibios flujos.
Se quitó la remera y me pidió que bese su espalda. Mis labios, mi lengua y mis dientes recorrieron con intensidad cada centímetro de esa espalda ahora vacía. Se dio vuelta y en completa desnudez, tomó mi cabeza con sus dos manos, para ubicar mi boca suavemente justo entre sus tetas. Jugué allí un rato, y entre gemidos transformados en gritos y cuerpos preparándose para la fusión, me fue quitando la ropa, prenda por prenda hasta que nuestras pieles se unieron por completo al unísono
—Ahora te toca jugar a vos.— dijo mientras se desvanecía hasta mis pies, para dejar mi vista clavada en el monitor una vez más.
Mi pija quedó frente a su cara, la cual contemplaba como la cabeza latía de impaciencia. Mi respiración aumentó vertiginosamente ante ella que tras recorrerla con la mirada unas cuantas veces, pasó su lengua desde la base y hacia arriba, para finiquitar su recorrido introduciéndolo entero en su boca.
Con su lengua envolvía una y otra vez mi pija empapada y muy marcada. Su mano subía y bajaba a medida que su boca iba entrando y saliendo, llenándola con su saliva y mis flujos.
Mientras que con una mano continuaba pajeándome a una velocidad moderada, con movimientos no muy rápidos pero sí profundos para no perder el ritmo, con la otra comenzó ella a pajearse.
Sus gritos una vez más invadieron sórdidamente la habitación y esta vez fui yo quien no pudo contenerse en lo absoluto.
La paré del piso y tomándola por los brazos, la puse de espaldas a mí contra el escritorio. Arqueé un poco su espalda para una mejor visión y tras arrodillarme y escupir su concha y su culo, la penetré tomándola por los hombros.
Los movimientos eran bruscos, nada sutiles. Mi pija entrando y saliendo de su concha era lo único en lo que podía concentrarme. Mis ojos se daban vuelta mientras sus gritos tapaban la música y cualquier sonido que nuestra piel pudiera generar.
Ahora ya nada importaba, ninguna amistad, ninguna seducción. Ahora ella se daba vuelta y eran nuestros cuerpos enfrentados las estrellas de la escena. Ahora era yo quien estaba contra el escritorio y ella arrodillada frente a mí, decidida a tomar el protagonismo una vez más.
Tomó mi pija muy fuertemente y hasta no sentir cada gota de semen regada por su cara, hasta no sentir la leche caliente en su piel, no se detuvo. En una vorágine de energía, acabé como pocas veces lo había hecho. Toda sobre su cara como ella lo deseaba.
De abajo me miraba, con esos ojos que de libidinosos nada tenían ya. Bañada en mí, lentamente se incorporó. Me tomó de la mano y lo único que atinó a decirme fue:
"Si toda la infancia jugamos juntos, ¿Por qué habríamos de dejar de jugar ahora, no?"
~
lunes, 29 de junio de 2009
Lo cotidiano del despertar.
La linealidad dominaba su vida hace unos cuantos años ya. Luego de terminar su primogénita relación, todo se redujo a repetidos viajes en sábanas con fragancia a eterno vacío.
Tras probar el manjar, el sabor del juego en la cama, todo se transformó en una adicción para ella. Jamás pudo ponerle fin a esa situación que cada vez se apoderaba más de su cuerpo.
Esas esbeltas y robustas figuras fueron lo único que ella pudo conocer. Los músculos marcados y el peso de sus tremendos cuerpos recorrieron por años la fina y perfumada piel de su adolescencia.
Pero su adicción por el sexo fue más que ella. Y con el paso del tiempo, no le quedó más que conformarse con eso que le había tocado: un mundo de coches lujosos que la pasaban a buscar, y tras un vanal descargue, la volvían a depositar en su seno maternal dejándole sin más que una intensa sensación de haber usado y sido usada.
Un día las aguas parecieron cambiar su rumbo y el duro diamante se tornó frágil cristal. Algo nuevo en ella había amanecido, y la perspectiva comenzó a cambiar una vez más. Era algo que ella aún no podía tener, pero conocerlo ya abría un nuevo abanico.
Tan grande era su nuevo deseo, tan abismal su necesidad, que su hábito sexual en morbo se transformó. Pidió a cada cuerpo que pasaba por ella, que aparentasen ser una persona más. Que aparentasen parecerse a él.
Que simulasen ser aquel que ella no podía tener pero que anhelaba más y más con cada nuevo despertar.
~
Tras probar el manjar, el sabor del juego en la cama, todo se transformó en una adicción para ella. Jamás pudo ponerle fin a esa situación que cada vez se apoderaba más de su cuerpo.
Esas esbeltas y robustas figuras fueron lo único que ella pudo conocer. Los músculos marcados y el peso de sus tremendos cuerpos recorrieron por años la fina y perfumada piel de su adolescencia.
Pero su adicción por el sexo fue más que ella. Y con el paso del tiempo, no le quedó más que conformarse con eso que le había tocado: un mundo de coches lujosos que la pasaban a buscar, y tras un vanal descargue, la volvían a depositar en su seno maternal dejándole sin más que una intensa sensación de haber usado y sido usada.
Un día las aguas parecieron cambiar su rumbo y el duro diamante se tornó frágil cristal. Algo nuevo en ella había amanecido, y la perspectiva comenzó a cambiar una vez más. Era algo que ella aún no podía tener, pero conocerlo ya abría un nuevo abanico.
Tan grande era su nuevo deseo, tan abismal su necesidad, que su hábito sexual en morbo se transformó. Pidió a cada cuerpo que pasaba por ella, que aparentasen ser una persona más. Que aparentasen parecerse a él.
Que simulasen ser aquel que ella no podía tener pero que anhelaba más y más con cada nuevo despertar.
~
lunes, 22 de junio de 2009
Schism.
"La creación es resultado de la imperfección. Del esfuerzo por lograr algo y de la frustración. Creo que de ahí salió el lenguaje. Fue el resultado de nuestro deseo de superar nuestro aislamiento y tener cierto tipo de conexión entre nosotros. Debía ser fácil cuando se trataba sólo de sobrevivir.
Por ejemplo, inventaron un sonido para decir "agua" ...o "cuidado, el león está detrás de ti" Pero creo que se vuelve muy interesante cuando usamos ese mismo sistema de símbolos para comunicar todas las cosas abstractas e intangibles que experimentamos. Por ejemplo, ¿Qué es frustración o qué es enojo o amor?
Cuando digo "amor”, el sonido sale de mi boca y llega al oído de la otra persona. Viaja por un conducto de su cerebro a través de sus recuerdos de amor o de falta del mismo y dice que entiende lo que digo. Pero ¿Cómo sé si es cierto? Las palabras son inertes. Son símbolos, están muertas.
Muchas de nuestras experiencias son intangibles. Mucho de lo que percibimos no puede expresarse, es indescriptible. Y aun así, cuando nos comunicamos entre sí y sentimos que hay una conexión y creemos que nos han entendido...creo que tenemos la sensación de una comunión casi espiritual. Esa sensación puede ser pasajera, pero es para lo que vivimos."
~
domingo, 21 de junio de 2009
Desayuno para tres III
No les diré que decía ese papel, ya que es bastante irrelevante a esta altura. Lo que sí puedo decirles, (en realidad algunos ya lo saben) es como terminaron las cosas con ella.
~
~
viernes, 19 de junio de 2009
Desayuno para tres II
La lengua de ella jugaba en libertad. El abría levemente su boca y ella con su lengua jugaba con sus dientes. Chupaba y succionaba levemente los labios de su compañero con un ritmo digno de show. Pasaba su lengua suavemente por la boca de quien en este momento, parecía estar en éxtasis. La escena se volvió adictiva a mis ojos y ya nada pude hacer. Hipnotizado la miraba a ella, y con envidia a él.
Sin dejar de mirarlos, revolví mi desayuno. Sin dejar de mirarlos, bebí de a pequeños sorbos. Sin dejar de tocarlo, ella giró levemente la cabeza y con una mirada fina y de reojo, encontró mi mirada poco discreta clavada en ella. Sin dejar de mirarlos, sentí esos ojos negros reposarse en mi. Y sin dejar de sentir su mirada, pude ver como su mano descendia suavemente hasta llegar por debajo de la mesa, a la entrepierna de su compañero.
Su mano allí se detuvo, en el sexo de su amante. Y su mirada allí reposó, en los ojos del niño que ha sido descubierto tras haber cometido una travezura. Los segundos se hicieron eternidad y me perdí en ese vacío que generaban sus ojos.
Ella se paró y no pude evitar notar que alta era. Sus piernas eran largos y hermosos manantiales fluyendo por ese curvado cuerpo. Caminó hacia mi lentamente pero con mucho ímpetu, me paralizé. Pasó a mi lado como una suave brisa llena de aroma primaveral y dejó un papel sobre mi mesa. Lo tomé y lo leí, ella ya estaba en la calle y él la acompañaba.
Me tomó un tiempo poder recuperarme del impacto que me había generado ese mensaje, la parálisis me había invadido una vez más al leer en ese diminuto papel....
~
Ella se paró y no pude evitar notar que alta era. Sus piernas eran largos y hermosos manantiales fluyendo por ese curvado cuerpo. Caminó hacia mi lentamente pero con mucho ímpetu, me paralizé. Pasó a mi lado como una suave brisa llena de aroma primaveral y dejó un papel sobre mi mesa. Lo tomé y lo leí, ella ya estaba en la calle y él la acompañaba.
Me tomó un tiempo poder recuperarme del impacto que me había generado ese mensaje, la parálisis me había invadido una vez más al leer en ese diminuto papel....
~
Suscribirse a:
Entradas (Atom)