jueves, 10 de marzo de 2011
El plástico de tu perfume.
Comenzamos a hablar de cine. Charla que derivó en una charla sobre cine porno, que terminó derivando finalmente en una conversación sobre salas de cine continuado. Me cuenta que ella conoce una allá por microcentro y nos ponemos a investigar un poco al respecto. Comenzamos a leer unos relatos de personas y sus experiencias en ese lugar. Para el rato posterior a la lectura ya estábamos en una temperatura ambiente. Como los chicos buenos respetamos la naturaleza, implícitamente sabíamos que nada pasaría esa noche. O casi nada.
Nos recostamos juntos; la charla fluía y continuaba. Nos acomodamos cerca y como quien no quiere la cosa, nos besamos. Besos superficiales, nada profundos. Besos superficiales que nos mantenían lo suficientemente calientes como para comenzar a fregarnos con la ropa aún puesta, pero no como para arrancárnosla. Sobre ella estaba mientras nos mirábamos de tanto en tanto con esos ojos profundos en lujuria y deseo incontenible. Mi lengua recorriendo de tanto en cuanto sus comisuras, luego su cuello para acabar en sus clavículas y hombros.
La cosa parecía no detenerse a pesar de la privación que nos habíamos impuesto en primera instancia debido a la situación. Al ir cada vez un poco más, me pidió que me detenga pero lo único que consiguió es que agarre sus brazos dejándola inmóvil. Pareció ser una buena idea ya que fue ella quien ahora se movía y con su cuerpo me exigía más fuerza, más profundidad en los movimientos.
Sus ojos se perdían cada vez más en algún punto fijo del espacio, sin tiempo ni lugar. Ahora ella estaba sobre mí; me sentía, me miraba, me palpaba, me montaba. Mi ropa se desvaneció sin consuelo en sus manos y pronto quedé desnudo, paralizado ante esa voluntad perversa, expuesta en sus ojos. Me miró por unos momentos de arriba a abajo hasta detener su mirada en mi órgano, tieso, dispuesto y expectante.
Me pajeaba suavemente mientras con sus labios y lengua hacía círculos en la cabeza. Su actitud llamó mi atención. Una sensación de control y sumición es lo que sentía. Chupaba como si constantemente esperara a que yo tomase el control de la misma situación que ella controlaba a su placer. No podía resistirse a entregarse y ser dominada. Pobre, realmente no sabía donde se metía.
Comencé por recoger su pelo suavemente. Si hay algo que realmente me desvive es ver como mi pija entra y sale de la boca, como se va cubriendo hasta entrar hasta el fondo, deslizándose por los labios y la lengua. Tomé de su pelo y de a poco iba induciéndola hacía las cosas que yo quería que haga a mí propia manera. Sus brazos se apoyaron en la cama, quedando solo su cuerpo pegado al mío a través de su boca en mí; la señal de entrega a mi deseo. Un placer...
Ajustando la firmeza de mi mano en su pelo, la hice para atrás. Mirarla y decirle que quería que me pajeara y me mirara a los ojos fue lo que hice casi intuitivamente. Ella flotaba en su mundo mientras la música sonaba. En tanto desviaba su mirada de mis ojos, no haciéndome caso, sujetaba con más fuerza su pelo:
"Más fuerte y no dejes de mirarme a los ojos, te dije".
Se sentía muy bien sus ojos en los míos, a pesar de no devolverle la mirada. En cada palabra en donde le pedía que lo haga más fuerte, un tirón en su pelo aumentaba la presión. Ella gemía en esa mezcla de placer y dolor. Más fuerte sus movimientos, más fuerte los míos. Podía sentir como sufría y disfrutaba mi presión. Terminó por darse cuenta que hasta que no terminase, no iba a soltarla y por cada cambio que ella aplicara, lo haría yo también. Sujetados por una mano en el cuerpo del otro, terminó todo. La solté al acabar y me dejé caer. Me relajé y sentí como ella no solo no podía hacer lo mismo, sino como sus ojos se tornaban y se llenaba de un sentimiento profundo de perversión.
"Creo que tus ojos quieren decirme algo..." atiné a decirle.
Su respuesta concluyó afirmando lo que creía: "Cuando mis ojos toman esta forma, es porque solo puedo pensar en algo sádico".
Hice caso omiso a la respuesta y cerré los ojos, dejándome ir.
No logro recordar y dilucidar lo que pasó luego. Pero lo que sí puedo imaginar con frescura y precisión es lo que será verla de nuevo.
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martes, 22 de febrero de 2011
Exaltación, vorágine y necesidad.
Cómo decía: ahora mis ganas de coger animalmente durante días enteros son elevadas, elevadísimas. ¿A alguien le sucede lo mismo? ¿Alguien en la misma situación?
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lunes, 21 de febrero de 2011
No podes decir que no te lo advertí.
Bueno, no es nada nuevo esto que hablo, eso ya lo sé. Pero mi punto de comparación en realidad iba un poco más allá en este caso. Fijate, si antes ibas a un boliche y conocías a una persona ¿Qué pasaba? Ok, primero te entra por los ojos: “Que buena está esa mina” pensaba él. “Que fuerte está ese chabon” pensaba ella. Se conocían, se gustaban, de ultima se daban y ya. Después se volvían a ver y cuando él le preguntaba a ella qué música le gustaba, que cosas en la vida le generaban inspiración, que cosas le quitaban el aire, ella le decía que en sus tiempos libres ponía la radio y cantaba “Eres azúcar amargo” a todo lo que da y también le contaba con fervor como pasaba tardes juntando billetes de dos pesos para el juego de Julián Weich y tomando mate con la Pocha en la otra cuadra de ese barrio en Morón y cuando ella lo invita a él a su casa, él entra y ve colgado en su habitación todos los pósters de Chayanne, Ale Sans. Entonces nuestro protagonista agarraba y decía… “Ah… mira vos que lindo todo esto…” y por dentro se queda pensando que mejor se guarda su próxima pregunta. Que tal vez meterse en “Interpretaciones sobre letras de Luis Alberto Spinetta” no era un buen tópico de conversación.
Hoy en día encontrar, no te digo tu media naranja, pero tu cuartito de ciruelas, puede ser más fácil. Internet da lugar a todos los temas existentes en el mundo. Podes entrar a un foro sobre fanáticos de Sofovich, podes entrar a una página de adictos a las pasas de uva, realmente podes encontrarte con la gente con la que compartís gustos y todo lo que quieras. Podes evitarte el chasco de conocer a alguien y tener nulas similitudes. Hoy en día podes darte el lujo de filtrar el enfoque y poner el ojo donde más lo sientas.
¿A qué viene todo esto? Es una buena pregunta para hacer en este momento aunque no tengo la respuesta de todas maneras. Pero de lo que quería hablar era de un ejemplo: Si entraste una vez a mi blog y luego volves a entrar es porque te gustó, ¿No? Entonces ni hablar del caso de si me hablas, me escribís o en el mejor de los casos me mandas un mensaje, mail, lo que sea, voy a por lo menos darme una idea de que te tomas tú tiempo, que le dedicas un buen rato de tu día a pensar en sexo o las ganas de tenerlo. Imaginate que la mina escribe su blog de sexo. Ella habla de cómo se cansó de coger con su chongo #782, vos le mandas un mail, pegas la mejor onda con la mina. La invitas a tu casa, la mina suda lujuria. Te pregunta cual es tu habitación y al entrar se recuesta sobre la cama, te mira, te invita a acompañarla y ante sus ojos impresos de deseo, le preguntas si tiene ganas de conocer la habitación de tu hermanita. Ok, algo no está funcionando. ¿Qué quiero decir con esto? Que obviando este ejemplo, y en la mayoría de los casos, uno se hace una mínima idea de lo que puede esperar, dependiendo cual fue el filtro, según donde encontraste a esa persona.
Bueno, que sé yo. Solo tenía ganas de hablar de esto.
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miércoles, 5 de enero de 2011
Macro porno intenso.
A medida que pasa el tiempo, esa sed no se detiene. En vez de menguar tanta vorágine, tanta adicción por nuestra piel, nos volvemos más íntimos, más necesitados. Cuento los días para cerrar la puerta de ese departamento y contra la pared sumergirte en mi más perverso deseo. Cuento los días para desnudarte, para que me pongas ese culo hermoso y bien parado en la cara para que te lo chupe.
La semana pasada finalmente hicimos lo que tanto quería. Primero nos besamos. Suave, lento, un beso pasado en erotismo. Me palpaste sobre el pantalón y diste el primer golpe.
Sabes que tus besos me ponen así. Tus besos son como un interruptor: encendido, apagado. Te arrodillaste y me sacaste la ropa, arrancaste el bóxer y me miraste desde ahí. A puño cerrado la tomaste en tu mano derecha y colocándote bien por debajo, pasaste la lengua desde mis huevos hasta la punta de mi pija para terminar metiéndotela en la boca. Así fue como empezó todo. Me pajeabas y te dedicabas a oírme. Sé cómo te pone eso.
Acelerabas y me aceleraba. “Ni se te ocurra acabar, hijo de puta”, dijiste mirándome a la cara desfigurada. Te ayudé a reincorporarte. Arrodillado te saqué la ropa prenda por prenda. Amo jugar desde ahí con tus labios bien hinchados. Con las dos manos me agarrabas bien fuerte del pelo. A veces me tiras para atrás solo para verme a los ojos algo desorbitados y ver tus jugos que saboreo en mis labios, pero luego me sometes de nuevo y yo incursiono nuevamente en tu concha tan delicada.
Si existen paisajes que logran colmar de lleno mi mirada, sin duda uno de ellos es aquel que tenía enfrente. Desde abajo podía ver el recorrido entero de tu cuerpo. Paseando por tu vientre, atravesando mis ojos entre tus tetas, para llegar a tu mirada que habitaba una galaxia lejana. Me tirabas del pelo y yo me dejaba. Introduje dos dedos que rápidamente se sumergieron en tu sexo, tu placer. Aumentamos la velocidad y el vortex cada vez iba más rápido. Acabaste en mi boca.
Ahí estabas ahora. Contra la pared dándome la espalda. En primer plano, esa piel tersa, ese culo que me desvive y justo sobre él, un tatuaje que coqueteaba con mis ojos perplejos. Vos, yo, nuestra desnudez y la mesada de tu cocina en donde esta vez, apoyabas las manos firmes, invitándome.
Reclinado sobre tu cuerpo, te tomé del culo y jugué con mi pija en la puerta de tu humedad. Dura, tiesa, se deslizaba hasta hacerte tope. Un suspiro al aire que llenó ese luminoso departamento tuyo y mis manos que se escurrían entre tu cintura para terminar agarrando tus tetas con firmeza. Estábamos bien dispuestos; mi pecho fusionado con tu espalda y mi cintura danzando una y otra vez contra tu cuerpo inmóvil. Una, dos, tres veces, cientos. Tus gritos comenzaron a llenar mi cuerpo de energía en tanto mi pija te llenaba a vos de insana lujuria. El ruido seco de mi ser golpeando contra tu culo acompañó a los minutos que se recorrían lentamente.
Te diste vuelta y pude verte de frente. Una pendeja ansiosa de más, más de mí, ansiosa de algo que no sea un sueño o alguna distracción. Esta vez fui yo el que te pidió que apoyaras tus manos en la mesada pero esta vez para poder sentarte. Mientras te quejabas del frío mármol en tu culo, con unas mínimas puntas de pie, te penetré mirándote a los ojos. Primero tomándome de la cabeza, para luego bajar por mi espalda hasta apretarme bien fuerte las nalgas, me acercaste hacia vos todo lo que pudiste y así empezamos nuevamente.
Cogíamos sin reparo. De tanto en cuanto me separaba tan solo para apreciar tu cuerpo entregado a la situación, entregado a mi pija que no dejaba de entrar y salir. De tanto en cuanto, arremetía con suma violencia tan solo para oírte gritar como lo puta que sos cuando me sentís dentro tuyo. Acabé y todo acabó. Desplomados caímos y todo se detuvo.
Transpirados nos abrazamos pensando solo en una cosa: Todos somos adictos a estos juegos de artificio.
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Nuevo año... si.
Nueva apariencia... si.
Pero aparentemente seguimos siendo los mismos.
lunes, 3 de enero de 2011
Encontrarte, encontrarme.
Si te digo que desde el primer momento no quise tenerte como nos tuvimos, sería mentirte, y ese no es mi estilo.
Luego de nuestros episodios, creí que hasta ahí había llegado mi acercamiento posible y tu deseo de que me acerque.
La chispa generada por tu cuerpo y el mío, por nuestras miradas, nuestros roces, fue solo la antesala del incendio que nos invadió.
Parecía no ser suficiente que el animal en vos deje la marca de sus dientes en mi, sentir esa energía encontrada era sentarse en la flor de loto. Darle a la realidad, el manifiesto de sentir mi pija dura apoyando tu culo, de tu cuerpo sujetándome para que el calor no se pierda en el vacío del espacio, fue sin duda una linda y fresca brisa para acallar algo de toda esa calentura evidente entre tanta gente.
Como te dije, como te susurré al oído, las ganas de recorrerte con mi lengua de punta a punta, eran abrumadoras pero lo que sin duda gatilló por completo mi imaginación, no fue tu cuerpo pidiéndome y seduciéndome a abordarlo, sino un beso robado entre tanta exposición pública. Nuestra relación prohibida sumisa en el borde del éxtasis daba un paso al frente. Vos dabas el primero, para yo acompañerte. (A pesar de que al final, termine recorriéndolo solo)
Yo viajaba sediento en un desierto y vos me seduciste con tu cuerpo de agua. Montaste mi cuerpo una tarde mientras te mirabas desnuda en el espejo. Galopabas y no entendías como podías sentirte tan elevada, pura y entregada sobre mi cuerpo, tan joven y renovado. En nuestro reflejo nos encontramos y decidiste acelerar el paso. A pesar de que no podía quitar la mirada de tu figura en el espejo, mi boca jugaba en tus pechos. Tu culo, la parábola perfecta. La formula igualada, sexo y pasión. Acabamos juntos.
Es una pena que la perfección no floreció en vos cuando miraste unos ojos que estaban preparados, predispuestos.
No florecimos los dos, pero yo lo hice.
La historia dió una vuelta al espiral. Si volveremos a recorrer su curvas ahora que danzamos niveles distintos, poco importa. Llegaste, sembraste enseñanzas desde tu ignorancia y el miedo te jugó una mala pasada. Todo terminó y comenzó transformado. ¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Te agradecería si hubiese algo de mérito en tu conducta, pero no es el caso.
Una vidriera en exposición que necesitaba ser vista.
Yo venía pasando.
Que casualidad.
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miércoles, 1 de diciembre de 2010
Tus ojos, mi instinto.
tan solo por dejarme ver a través de tanto humo,
te perderé.
Te perderé sin duda.
Más ya mis ojos vos no a mi.
Dame luz.
Dame toda la luz que necesito en este valle de colores,
tan solo para poder ver tus ojos hablarme en la oscuridad.
Es que hay tanta intensidad en mis manos.
Es que hay tanta risa en tus ojos, mi amor.
Yo soy solo un niño,
y nuestra pasión, nuestro amor y nuestra libertad,
y vos tan incensata, corazón.
Jugas en mí y juego en vos.
Caminaremos juntos ahora,
dormiremos juntos mañana,
y tal vez ayer se encargue del olvido del tiempo.
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martes, 2 de noviembre de 2010
Mi sonrisa en tu fotografía.
Mi vida sigue a pesar de la ausencia y así la tuya hace lo propio. Pero estás ahí, y yo también estoy. Tal vez sigo estando en tu mesa de luz, tal vez no, no lo creo realmente. Vos estás acá más cerca de lo que me gustaría y tan lejana a la vez, que me gustaría solo atarte a mis costillas para saberte pegada, húmeda en piel y entrepierna.
Pero no. Leo a otro a través de tus palabras y en altar invoco la angustia. La que producen tus dedos que supieron atravesar con profesionalismo mis más perversos y profundos placeres.
Tal vez solo sé crear galaxias en mi nexo, en mi cuerpo y en mis tejidos. Tal vez como el cuento dice, las cosas no son siempre lo que parecen. Y si realmente nada es como el pequeño ser gris en mí me hace creer, tal vez este deba ser el final de mis palabras, tal vez solo hasta acá tiene que llegar lo que no puedo dejar de bajar desde Venus. Tal vez tenga que dejar de pensarte y escribirte.
Lo haré. Justo ahora.
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